Stand by me, I´m not alone... not alone not alone not alone not alone


domingo, 13 de noviembre de 2011

Ojos de arena

Allí estaba con sus ojos amarillos, del color de la arena y de la miel, pero una miel dejada tostar al sol de cualquier día de primavera en la montaña, entre amapolas y susurros de ramas bailantes.
Cada vez que aparecía clavaba su intensidad en ella, que no podía despegar su vista de él.
Siempre era como si se hubiesen dicho algo alguna vez o como si tuviesen mucho que decirse, o simplemente el pensamiento, el recuerdo por intentar adivinar cuándo fue la última vez. Quizás siempre lo fuera, el tiempo y su coincidencia, su casualidad de la mano del azar terminaba, de alguna manera, por mucho tiempo que pasase, provocando reacciones instantáneas, poniendo en funcionamiento la maquinaria de la química que fluía y casi explotaba con sólo una mirada.
Después venían las sonrisas. Como si del efecto de un imán se tratase ellas se cruzaban esquivando a la gente, se acercaban a pocos centímetros o se saludaban clandestinamente en la distancia.
Y por fin hablar, sin dejar nada por decir y con la sensación de aún tener miles de cosas por descubrir el uno del otro.
Y al fin algo, quizás dado por perdido, quizás ni siquiera nunca antes intentado. De lo humano, de lo que no atiende a razones, sólo a la pasión. Y el calor, y el cariño, y el abrazo. Descubrirse a gusto.
Y entre farolas y árboles, con la oscuridad de la nueva noche y su piel canela lucieron de nuevo aquellos preciosos ojos amarillos y salió de su boca un silencioso quizás muy pronto envuelto de la veracidad de un me marcho para siempre. Ella cerró los oidos del corazón y prefirió observar y estar atenta a una nueva visita de la casualidad.

martes, 1 de noviembre de 2011

Vacío

-No, eso no es exactamente así
-Pero está llena ya…
-No lo creo
-Explícame qué ocurre y qué ocurrirá después
-Sólo eso, sólo nada
-Pues no lo entiendo. Dejé de entender hace mucho tiempo, desde que tengo uso de razón y a medida que crezco aprendo, pero entiendo menos… cada vez menos, te lo aseguro.
-Bueno, te endulzaste los labios pensando que ese sabor iba a durar eternamente, pero amiga, aquí nada es eternamente, eso es algo que debes recordar…
-Tengo tantas ganas, pero la tengo tan llena, tan hinchada, tan inabarcable, ¿tú me entiendes, soy distinta o semejante?
-Hago por ello, pero tranquila, nos separa menos de lo que nos une. Quizás pronto encuentres el agujerito por el que deshinchar la realidad…
-Me encantaría… me encantaría…
-Debes hacer ya la maleta, llenar este vacío de cosas…
-Me siento tan lejos, tan llena mi esperanza… de vacío…
-Pues hazla, no lo pienses, allí seguro que te espera algo mejor
-Sólo quiero tranquilidad, calidad… porque está tan llena que ya no sé dónde voy, ni con quién, ya no sé quiénes están y quiénes no, ya no sé con quién cuento. Estoy harta, estoy cansada.
-Pues no se hable más, toma las riendas y llévalas donde quieras llegar, sólo tú puedes hacerlo, aprieta bien fuerte el timón y no lo sueltes nunca
-¿No se me escapará, me perderé?
-No, eso no es exactamente así…

viernes, 28 de octubre de 2011

Enamorado de gozo


-¿Has estado alguna vez enamorado?- pregunté mientras hundía mi mirada en sus profundos ojos marrones, nadando en un mar de oscuridad, buscando quizás alcanzar la respuesta que diese fin a mi desaliento, que alagase mis oídos…
-Sí –aseguró él sin dilación, mas con denotado asombro en su gesto clavó la respuesta en mi semblante, su ceja arqueada me insistió y por fin salté.
- Pero, ¿enamorado hasta el punto de dolerte cada segundo que no tienes a esa persona a tu lado?, ¿hasta el punto de sentirte desdichado si no compartes el aire de su respiración, si no hueles su aroma ni sientes cerca sus calidas manos…? ¿enamorado hasta el punto de necesitar?¿enamorado de gozo?
-Mmm, qué quieres que te diga…-y antes de que su sentencia fuese una frase hecha, sin querer oír una conjunción de casualidades o una explicación pobre del tipo que cada uno siente de una manera o cada uno lo vive diferente o que sé si yo ni si yo que sé, le rogué sin más.
-Dime que se repite, dime que vuelve a suceder, dime que sabes lo que es y que pasa más de una vez…
Me miró de nuevo a los ojos, su ceja ya no escondía la sospecha, ni el temor ni la duda, sus ojos buscaron la profundidad de los míos, el convencimiento, sus manos agarraron fuertemente mis hombros…
-Te lo prometo- añadió,
y así me tuve que quedar, esperando superar la desesperanza, sin imaginarme que volvería varias veces la añoranza…
y aunque no lo tengo tan claro, esperaré a que sea verdad.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mi playa


16 de Septiembre 2011

Una vez más esta playa,
nubes rosas para su atardecer
y sólo yo en el agua, nadie más
solas ella y yo y mi soledad.

Su negra arena, mi tierra,
era mía antes incluso de saber andar sobre ella.
Y nunca llegas a saber andar del todo..

Una vez más esta playa,
llenando como tantas veces mi pelo de sal.

Aquí canté con el silencio,
bailé con el vaivén del mar,
amé,
adoré su belleza,
me llenó de anhelo eterno
hacia sus aguas
me enseñó el respeto
a su fuerza.

Lloré, reí jugué,nadé,
millón y medio de infinitas cosas.

Todo avanza y cambia.
El tiempo hace espirales,
enreda y desenreda,
estira y vuelta a empezar.

A pesar de ello siempre elijo un momento para volver a éste, mi lugar.

Siguen las llaves colgando.
La cortina no se aburre de invitar al Alisio a echar un baile más.
La puerta aún abierta de par en par...
Ausencia de miedo.
Tranquilidad.

Yo me fui,
pero hay muchos que siguen por aquí.
Oigo a la voz de Ana en algún lugar,
escondida entre las plantas que rodean el camino de la playa.
A Carlos y Luisa los encuentro en la plaza.
Intento volver a andar por aquella escalera de laja.
Mirando al suelo, traslado mis pies a aquel momento.

Como cada año, hoy he vuelto
he visto el atardecer desde sus aguas
no había nadie más...
solas ella y yo

He recordado tantas y tantas cosas...
siempre la llevo,
aquí crecí
y aquí siempre flotará mi corazón.

Mi playa.

lunes, 29 de agosto de 2011

Quisieras


A veces no nos damos cuenta de la realidad hasta que se nos planta delante de la cara, sin cortapisas, sin más…
¿Fue ayer cuando eras pequeña y te apretabas, te estrangulabas con tus propios brazos y creías que nadie podía deshacerte?
¿Fue ayer cuando te asegurabas segura de todo? ¡Qué claro lo tenías todo ayer! ¿Qué te ha pasado hoy? ¿Quizás te hayas sorprendido a ti misma con las manos en la masa? Te creías muy lista…
¿Sorprendida? Hoy quieres coger la realidad y estrangularla y romperla en mil pedazos. Hacerla volar por los aires en un estallido de mil colores que te cieguen y no poder verla. Quieres volver a cerrar tus brazos por haberte permitido llenarlos de nada o de algo. Quieres recordarte a ti misma que no hay que andar corriendo. Mil carreras, mil prisas, mil estupideces, mil pensamientos en el aire. Sólo aire, sólo eso, y aunque parezca otra cosa a veces no es nada más.
Querías una cosa y ahora quieres otra. Ni te entiendo, ni te entiendes, ni te entienden, ni entendemos nada. ¿A quién pensabas engañar fingiendo lo que buscabas? Te has dado con tu propia verdad, tu propia realidad en la cara. Quizás todos busquemos lo mismo, al final.
Quizás sólo necesites una bofetada de paciencia. De más paciencia. Pero, tranquila, has avanzado, has aprendido.
Aunque hoy quieres aprender a no saber. Quieres aprender a no querer adivinar. A pausar al tiempo. Quisiste ser capaz de no pensar como a veces hacías y te sorprendiste a ti misma haciéndolo de nuevo. Quisieras borrar el tiempo y no haber sentido como si no hubiera pasado. A veces parecen años y otras veces no parece… y te sientes igual y revives y recuerdas, quisieras no haberlo hecho. Quieres saber no recordar. Y sigue siendo ella, como dice la canción, “pero con otro rostro y otro nombre diferente y otro cuerpo, pero sigue siendo ella”.
Y quisiste no querer nada de lo anterior.
No temas, no deberías temer, quizás todos busquemos lo mismo, al final. Sólo me queda darte aliento, pues la vida siempre tiene algo con lo que sorprendernos… y parece que cuando creías que lo sabías todo, resulta que no sabes, ni siquiera que aún te quedan millones de cosas por aprender y eso sólo para empezar...

sábado, 20 de agosto de 2011

¡Basta ya de violencia policial!


La brutalidad policial de los últimos días en Madrid será investigada...



Esos antidisturbios tuvieron órdenes de no agredir a los manifestantes durante las movilizaciones de Mayo en Madrid. ¿Por qué? Porque Madrid, su policía y su gobierno estaban en el ojo del huracán, porque decíamos ser pacíficos y porque todo el mundo estaba pendiente de lo que estaba ocurriendo en Sol, agresiones policiales estropean la imagen de España de cara al mundo. Esa ira, ese odio y esas ganas de repartir leches a diestro y siniestro las han ido acumulando los señores agentes durante todo este tiempo y lo han demostrado con amenazas y agresiones verbales. ("A ver cuando empieza la fiesta", "Como te coja puta te voy a destrozar", "solo espero una orden y cuando la tenga... vais a saber lo que es bueno", "me muero de ganas de arrancarte a tirones ese pelo de guarro" etc etc, increible pero cierto...)

Ahora era la ocasión perfecta, el mundo distraído con la maravillosa visita del Papa a Madrid y lo bien que se lo ha montado el Estado español acogiendo a todos estos peregrinos y la millonada que ha pagado el Estado (25mill de euros) por todo esto (a pesar de no tener dinero para pagar sueldos a la población, a pesar de tener que reducir el sueldo de los funcionarios, despedir a millones de trabajadores y hacer desaparecer millones de puestos de trabajo, necesarios por otra parte). El mundo atento al Papa y la orden por parte de los de arriba a la policia de barrer Sol, de repartir golpes hasta que no kedase ni una uña de asquerosos jóvenes rebeldes y revolucionarios, terroristas antisistema, violentos, bandálicos y la peor calaña en las calles de Madrid.

¿Se les ha ido la mano?, las he visto peores (las ostias me refiero) en manifestaciones que ni si quiera salen en la tele, eso, mira por donde, quizás tengamos que agradecérselo al Papa, han venido los periodistas de los medios convencionales. (Porque en estas manis de las que hablo que no salen en la tele tb hay periodistas, pero de medios alternativos y de contrainformación, es decir de esos medios que tratan de cubrir esos acontecimientos que no tienen cabida o hueco en los medios de dinero y poder). Pero en estas manifestaciones de los últimos dias 17, 18 y 19, como en las de mayo, habia periodistas de TVE, El País, Público, El Mundo, etc etc y a ellos tb les han tocado, les han apaleado... y por ello, damas y caballeros, algunos medios, más dignos que otros, han decidido denunciar estos acontecimientos... vease los siguientes enlaces:



http://www.lasextanoticias.com/noticias/ver/la_brutal_actuacion_policial_sera_investigada/391043



http://www.lavanguardia.com/20110820/54202072392/la-asociacion-de-la-prensa-de-madrid-exige-una-investigacion-sobre-los-excesos-policiales-con-period.html



También les agradezco a mis compañeros de la prensa, la frontera que con dos ovarios (se me quedó grabada la imagen de una mujer cámara) decidieron hacer ayer en un momento de carga policial, se pusieron en medio con sus cámaras como arma dejándonos pasar detrás de ellos. Mientras corría y vi aquellos grandes focos apuntándome en la distancia supe que detrás de ellos estaba a salvo... hubiera sido muy hardcore que la policía arramplara con cuatro camaras de television.

Gracias.

Además, la gente que me rodea está empezando a entender más y a ver con mejores ojos a los periodistas, que simplemente somos (y empezaré a incluirme) el ultimo escalón, unos pringados mandados que desde arriba nos vemos muchas veces impedidos a trabajar y contar libremente. Y, generalmente, gente con una sensibilidad especial.

Gracias, compañeros y compañeras.

jueves, 4 de agosto de 2011

Bienvenida


Cuánto tiempo llevas encerrada en esa cajita de cristal, desde la que se ve todo, pero no se siente…
Un día despertaste y alguien tuvo que hacerte reaccionar, y te diste cuenta de que aún estabas viva…
Miraste a tu alrededor y viste el desorden de tu vida. Un buen día una gran amiga te dijo que sólo se vive una vez y que hay que dejarse y disfrutar de las cosas, de cada momento.
Quisiste abrazarla fuerte para que sintiera la enorme fuerza y tranquilidad con la que te impulsa constantemente su amistad…
Un día despertaste y decidiste ordenar, quitar las montañas de ropa, los millones de trastos y abrir la puerta, dejar un espacio para que entre el aire a refrescarlo todo…
Estás a un paso de salir, aunque aún de vez en cuando optas por volver y esconderte,
Te quedaste quieta en un punto y no habías sido consciente de ello, quizás esperando algo, añorando o simplemente asimilando cosas que, seguramente nunca estén de vuelta…
Cuánto tiempo has mantenido los minutos pausados en esa cajita de cristal, frágil por dentro y dura por fuera…
Con el reloj parado y el corazón ausente…
Con la manta en la cabeza y el espejo roto, sin fotos, sin ganas, sin atreverte a ganarle la partida a tus miedos, en un estado de pasarela hacia ninguna parte…
Como si fuese a durar siempre, como si después no hubiera nada más…
Olvidaste que a través de los cristales los demás también te ven, por mucho que te ocultes…
Olvidaste tu fortuna y lo dispuestos que están los que te quieren a romper, con el detalle más mínimo cualquier cristal…
Dormías sin saberlo y, poco a poco, despiertas…
Por duro que sea, quizás merezca la pena volver…
Bienvenida de nuevo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Un bis eterno

Si volviera a nacer sería pianista, o violinista o algo así… me dedicaría solo a la música a componer y a compartir…
Bailaría esta canción junto al mar, mis pies no descansarían, se moverían de un paso a otro marcando con su movimiento cada nota… giro tras giro marcando con formas arena y agua…
Te gusta Damián? ¿bailarías conmigo? Vamos a bailar ahora que parece que va a llover… deja que el agua nos inunde la piel… luego se lo contaremos a todos, nos guardaremos lo inexplicable para nosotros…
Y la repetiremos cuantas veces queramos, será un bis eterno...


Viviría y moriría danzando… y lo haría feliz…

viernes, 29 de julio de 2011

La supervivencia de las ideas anarquistas


De todas las ideologías nacidas en el siglo XIX, el anarquismo era la más improbable. Fue, ese siglo, pródigo y prolífico en invención de ideas y organización comunitaria: del socialismo al nacionalismo y del sindicalismo al sufragismo feminista, sus despliegues posteriores no son más que germinaciones barrocas de esas semillas originarias. Y todas ellas fueron históricamente necesarias, refugios de la tormenta industrial o bien músculos dispuestos a dar cuenta de los restos del antiguo régimen, o del nuevo. Pero el anarquismo no. Fue una aparición asombrosa, o más bien la anunciación de un problema insoluble tanto en el marco cultural de los regímenes liberales y conservadores modernos como en el del próximo "mundo igualitario" del comunismo. Los anarquistas propusieron a la consideración pública la cuestión del poder separado, es decir, del orden jerárquico, presentándose a la vez en sociedad como su antípoda.

Se diría una anomalía política tremebunda o una nostalgia del edén, de cuya eficacia podía dudarse. Un ideal de destrucción de Estados, cárceles, policías, ejércitos, tutelas religiosas, matrimonio burgués, consumo de proteína animal, y del lucro. A pocos años del primer despliegue europeo del anarquismo, hacia fines del siglo XIX, era fácil prever su dificultosa instalación pública, su crecimiento demográfico en cuentagotas y su posterior travesía por el desierto. Al anarquismo se le diagnosticó una muerte prematura, y aunque el ultimátum no se cumplió en fecha, es cierto que su fertilidad y potencia menguaron decisivamente poco antes de la Segunda Guerra Mundial. De modo que la supervivencia de sus consignas y el renacimiento ocasional de su nombre de guerra resultan ser -para la filosofía o para la policía política- poco menos que un milagro. La "Idea" -así la llamaban- sucumbida en combate durante la guerra civil española reapareció travestida en las jornadas de mayo de 1968, osmótica en los bordes del feminismo o del ecologismo, condensada en rabia punk, espolvoreada entre situacionistas y prófugos del marxismo, en fin recuperada por bandadas migratorias de adolescentes. En política se dice que los muertos no cuentan, aún cuando de vez en vez hayan votado, y que las voces testimoniales no son otra cosa que la lírica de los derrotados. ¿Es entonces una rémora del pasado, una astilla incrustada e ineliminable o un defecto de nacimiento de las democracias modernas?

Las señas de identidad divulgadas se corresponden con una forma monstruosa: la violencia, el radicalismo, el atentado, el gesto anticlerical, las exigencias desmedidas. Y aunque algunos de estos atributos no les son ajenos, la historia de los anarquistas no se condensa únicamente en una garra nerviosa sino en múltiples obras y actividades constructivas, y no pocas de índole cultural. Eran empujados por un ansia de redención y de urgencia, y ese encastre mutuo les concedió un aura de jacobinismo intransigente. Súmese a ello, además, la pretensión de un mundo liberado de toda forma política piramidal. Un mundo acéfalo. Sorprende que las propuestas anarquistas hayan conseguido lectores, simpatizantes e incluso arraigo popular, ya que un programa tal de transformación de símbolos e instituciones milenarias parece carecer de plausibilidad desde el vamos. Pero a veces las sectas religiosas o políticas alcanzan a coronar su dama y otras veces una sola roca en el desfiladero logra obturar el paso del torrente. El anarquismo no fue el fruto más áspero madurado en el árbol del socialismo, no fue simplemente un "maximalismo" o una secta purista, o bien un hito importante de la historia de la disidencia humana. Era el apodo de una esperanza, la del fin de la opresión y la indignidad, que mostró al hombre moderno los límites impuestos a sus posibilidades antropológicas. La revolución social que pregonaban suponía previamente una metamorfosis cultural, una subversión del carácter, el hundimiento del yo anterior a fin de conquistar la autarquía personal. Y por eso mismo el anarquista siempre usó el rostro bifronte de Lázaro resucitado y de Espartaco.

El modelo usual de la representación política es inconciliable con las ambiciones anarquistas, porque el objetivo anarquista es la crítica y destrucción del poder separado, en cualquiera de sus formas. Tal es el primer mandamiento de su filosofía política y de su filosofía práctica. Y no fueron solamente sus actos impulsivos y sus personalidades irreductibles la causa del halo luciferino que les fuera endilgado; también lo fue el hecho de pretender derribar al pétreo dios de la jerarquía, al que distintas sociedades han padecido o resistido a lo largo del tiempo pero al que nunca fueron capaces de imaginar acéfalo, excepto en las utopías felices. Donde otros colocaban cimientos a fin de erigir en vertical, los anarquistas cavaban hacia abajo. Así, erradicaron el uso del dinero en Aragón, en 1937, o derribaron la cárcel de mujeres de Barcelona a fuerza de pico y de maza, en 1936, o se negaron a testificar en juicio o desertaron ante el llamamiento a filas o rechazaron la fiscalización estatal y religiosa en cuestiones emocionales o se negaron a enrolarse en partidos, aún cuando no dudaban en tomar partido por los oprimidos y los perseguidos. No son decisiones sencillas de asumir y de llevar a cabo. Cabe barruntar un elan puritano en el anarquismo, que tanto los condujo a recusar al poder como a mantener una relación distante con el dinero. Sendas constantes históricas resultaban ser equivalentes a Babilonia y Babel, es decir, creaciones humanas equivocadas o corruptoras. Su opuesto era el grupo de afinidad que, juntamente con el agrupamiento sindical, fue su invención organizacional específica y duradera, un espacio político y emocional en que se calibraban adecuadamente las relaciones entre medios y fines. Sus organizaciones no eran instrumentales, centralistas o unívocas. Eran nidos de hermandad.

Al comienzo no eran más que un puñado de personas diseminadas por Europa alrededor de varios padres fundadores cuyas obras nutrirían su patrística: Bakunin, Proudhon, Kropotkin, Malatesta; luego serían cientos los "apóstoles de la idea" que la dispersarían por ultramar e incluso por China y Japón: publicistas, conferenciantes, simpatizantes y perseguidos; paralelamente se contaban por miles a los anarco-individualistas que resguardaban una forma irreductible de vivir las ideas anarquistas; más tarde llegarían los organizadores de sindicatos y huelgas: ceneteros, foristas, wooblies; y junto a ellos los indómitos y los "indisciplinados", casi siempre fuera de la ley y sólo atentos al cristo de sus convicciones: las bandas de expropiadores, los falsificadores de dinero, las milicias libertarias renuentes a ceder su independencia a un Estado Mayor de ejército durante la guerra civil española; y seguirían los cientos de guerrilleros antifranquistas y los partisanos ya experimentados que se integraron al maquis y a la resistencia contra el nazismo; había ácratas también entre los miles de internacionalistas que viajaron a España; y al fin están las inflorescencias espinosas o imprevistas a que dio lugar el anarquismo: los regicidas, las "mujeres libres", los crotos; y más adelante los anarco-situacionistas, los punks, los squatters, y otros. Y sin embargo siempre fueron pocos, una especie en peligro de extinción, aves fénix. La flora y fauna anarquista es el fruto y cría de una evolución plástica, cuyas mutaciones se combinaron entre sí o se enrocaron con otras ideas y prácticas entre 1850 y la actualidad. La migración anarquista fue un proceso exitoso aunque caprichoso, al igual que los desplazamientos de un caballo por el tablero de ajedrez.

A fines del siglo XX, el derrumbe del mundo comunista pareció darles la razón a los anarquistas como también abrirles la puerta del exilio político en que habían quedado confinados, a veces por propia impotencia o necedad. Habían advertido, mucho antes de la Revolución rusa, contra las tendencias autocráticas de los partidos bolcheviques; habían denunciado incansablemente los oportunismos y crímenes de los Estados socialistas; habían desconfiado del castrismo y rechazado sus mazmorras tropicales; jamás se sintieron excitados por la buena nueva del foquismo; y los nuevos gobiernos implantados en los enclaves descolonizados del Asía y África les resultaban abyectos, cuando no simplemente pandillas de delincuentes. Habían profetizado el desastre jacobino, del que no estaban deseslabonados del todo. Pero su acertado pronóstico no les concitó reivindicación para su causa ni les atrajo reclutas liberados de sus personalidades autoritarias. El anarquismo sigue siendo el nombre de una soledad, quizás porque su porvenir depende menos de ser la herencia inmaculada del socialismo como de evidenciar de vez en vez el retorno de lo reprimido en política. De otra forma no se entendería cómo después de tanta derrota, asesinato, encarcelamiento, desgarramiento intestino y fracaso aún sobreviven -e incluso prosperan- tantos nichos anarquistas en todo el mundo.

"Vive ahora como si así quisieras que se viviera en el futuro". Esta era la divisa de un rincón del anarquismo que apenas ha sido estudiado, aquel en donde se aunaron el individualismo anárquico con la bohemia intelectual influenciada por el vitalismo y el psicoanálisis. En la historia de las ideas, los nombres de Max Stirner, Emile Armand, Otto Gross y María Lacerda de Moura suelen ser mencionados -en el caso de que ello ocurra- a modo de cita a pie de página. No obstante, la corriente anárquica que postulaba el "derecho natural al placer" disfrutó de influencia duradera sobre ideas que por entonces hubieran sido llamadas "de avanzada", además de haber promovido diversos experimentos comunitarios o experimentales. Amor libre, respeto del criterio individual, libertad en cuestiones sexuales, promoción de la planificación familiar o "procreación consciente", denuncia de las represiones emocionales y de los tradicionalismos, anticlericalismo, feminismo. Al poner en locución pública temas que eran tenidos por tabú, los anarquistas antedataron en mucho tiempo la irrupción de las demandas de transformación de costumbres propias de la década de los 60, lo que suele conocerse por "revolución sexual". Los anarquistas jamás consideraron que esos fueran temas a ser postergados, y una suerte de furia por la sinceridad que siempre concedió el tono alto a sus publicaciones hizo que fueran promovidos a la primera plana. Al hacer hincapié en los dramas asociables a la alienación existencial el anarquismo supo testear la insatisfacción del hombre moderno.

Modernamente, el anarquismo ha sido un elemento de desorden fértil que tanto se derramó sobre los bordes de la experiencia social humana como sobre los centros de gravedad de los dramas populares. El hambre y la autocracia eran sus bestias negras, y no han dejado de serlo, como tampoco todos aquellos que recomiendan la horca ante un mero dolor de huesos o que prefieren los sátrapas a los demagogos y viceversa, pues el principio orientador del anarquismo en política se condensa en éste lema: "no mandarás sobre otros y no dejarás que otros manden sobre ti". Es un lema imposible, entendiéndose que no es incorrecto el mandamiento sino la forma del mundo. Y es por eso que los epítetos que son arrojados sobre el anarquismo cuando reaparece insólita e insolentemente de vez en cuando son alarmistas. Sus refutadores saben que detrás de esos fuegos de artificio laten los pulsos urgentes del malestar social con el poder separado, que ni democracias ni comunismos han podido conjurar del todo. La anarquía no es el nombre de un testimonio arqueológico ni el de una ictericia inofensiva, sino el de un enigma irresuelto de la política. A siglo y medio de su nacimiento no se ha inventado una crítica al poder de mejor calidad.

Christian Ferrer
http://www.nodo50.org/tierraylibertad/235.html#articulo7

viernes, 15 de julio de 2011

Tal vez mañana

La calmada hora de la siesta cae sobre la plaza. El calor del verano aprieta a los que buscan cobijo bajo techo y cuatro paredes, los afortunados al rumrum de un ventilador o del aire acondicionado, los que no, humedecen sus sueños en fatigados mares de calor.
La fuente le canta a la plaza que la vida sigue ahí, aunque parezca paralizada por la tarde. El silencio de algún transeúnte cabizbajo y aletargado se mezcla con tus andares cuando, como perdido, irrumpes en ella.
Guitarra al hombro andas a paso firme parece que sigues un rumbo fijo. Los negros rizos caen hasta tu hombro bailando la danza de tu cuerpo que le lleva la contraria a este bochorno que todo lo ralentiza, que deja al mundo suspendido en un quizás después o en un tal vez mañana.
Sonríes y observas la realidad que te rodea, el paisaje que te acompaña en tu paseo hasta acaso un hogar, un parque, un poco de sombra, tal vez sólo hasta la boca de metro más próxima.
Te he escuchado cantar allí abajo, dando luz y ritmo a las penumbras de los túneles, como lo hacías en la pradera de aquella universidad en la que bien pronto dejaste de sentirte a gusto, donde hablabas sin parar de ese grande del flamenco que te hacia soñar despierto.
Hoy despiertas de esos sueños de metro y medio a más de uno, con tu sonrisa picarona y esas simpáticas pecas de tu cara. “Una monedita por la buena música” y tus ojos siempre recaen y dudan de mí. Nos hemos cruzado varias veces, en un metro, en la tarde de esta plaza, me miras y no aciertas, no sabes quién soy, yo sí te reconozco a ti.
Un día estuviste seguro de lo que no querías y seguiste la senda de lo que sí. En ella estás ahora, lejos o cerca, pero en ella. Quizá te pare la próxima vez y te recuerde uno de los escalones por los que pasaste ayer y el porqué de tus dudas cuando me ves. O a lo mejor no lo haga y deje continuar a esa casualidad mágica, a esa incógnita que me encanta ocultar en la mirada, mientras tu música me lanza a un baile por dentro.
El calor que asfixia se mezcla con el frescor de la ropa limpia por la ventana, entre niños y gitanas con flores te dejas marchar. Debería decirte algo, quizás después, tal vez mañana.

jueves, 14 de julio de 2011

Sobre la deshumanización de lo humano

Un día nació el ser humano con una serie de posibilidades, cualidades y características. Como cualquier otro ser de la Tierra, llegó a este planeta, porque en él se daban las condiciones justas y necesarias para el desarrollo de su vida. Tenía oxígeno que respirar, agua para beber y miles de minerales, nutrientes y aportes que la naturaleza a través de sus productos y recursos ponía al alcance de su mano y que le permitían la vida.
El ser humano además, como la mayoría de los animales, necesitaba un lugar donde cobijarse del frio en el invierno, de la nieve, de la lluvia o del viento. Así aparecieron las primeras cuevas que fueron evolucionando, gracias a la inteligencia y capacidades de este ser sin igual en el planeta y se convirtieron en las casas donde hoy habita.
Vemos, pues que el ser humano es un animal con unas necesidades mínimas y básicas para el desarrollo y la posibilidad de su existencia. Y que son: respirar, comer, beber, cobijarse.
Pues bien, un día un señor muy listo y un grupo de señores amigotes suyos decidieron crear algo tan ingenioso como dañino, el dinero.
Estos señores decidieron que el hombre iba a tener que pagar estas necesidades básicas (no olvidemos que la naturaleza se las cede de manera gratuita). Si quería comer, no le bastaría con ir a la huerta y alimentarse de lo que allí creciera, tendría que pagar dinero por ello. Lo mismo ocurriría con el agua y con el cobijo. Nada sería gratis.
El hombre ya no merecía la vida simplemente por estar en ella. Sólo merecería vivir si trabajaba para conseguir dinero con el que alimentarse, con el que tener un lugar donde dormir, con el que sobrevivir.
Este trabajo le robaría su tiempo, su vida, el hombre entraría rápidamente en la ironía más grande jamás inventada, viviría para trabajar y no al contrario. El trabajo asalariado le robaría su tiempo, todo el tiempo que, en un principio estaba pensado sólo para vivir. Además le robaría la posibilidad de dedicar su vida a estudiar, a aprender de las millones de cosas que hay por aprender y a trabajar sólo en aquello que le reportase beneficios para su supervivencia y para su persona. Por ejemplo el trabajo físico al cuidado de una huerta, de unos animales que le permitiesen comer. Y que además desentumeciese sus músculos y oxigenase con ese esfuerzo físico también su cerebro para pensar con claridad y salud. Por ejemplo también le robarían el tiempo libre para dedicar al estudio, a las pasiones, a las aficiones.
La frase “el trabajo dignifica al hombre” la debió inventar uno de esos señores. Sólo eres digno de vivir si trabajas para ello, si trabajas de sol a sol para comer, y vivir vivirás si es que te queda algo de tiempo para ello.
Yo prefiero afirmar que “La vida en libertad dignifica al hombre” sólo el derecho a vivir que el hombre tiene desde que nace le dignifica. Sólo la libertad de elegir cómo vivir y cómo sobrevivir dignifica al hombre. Sólo la posibilidad de realizarse como persona le dignifica. El hombre solo es hombre en libertad.
Todos tenemos derecho a comer, a beber y a dormir debajo de un techo que nos resguarde. Todos tenemos derecho a conseguir nuestros alimentos de la tierra de manera directa, a construir nuestras casas mediante nuestros medios y no pagando con dinero durante el resto de nuestras vidas a un banco. Si hay casas vacías y gente sin casa, tienen derecho a ocuparlas. Si todo esto te parece una locura es que hace tiempo que perdiste el sentido de las cosas, o tal vez te cuesta demasiado pensar en ello, porque la verdad a veces da miedo.
Locura es que unos señores controlen tu vida y te impongan cómo vivirla, locura es que tú lo aceptes, agaches la cabeza y llames utópico, soñador o iluso a gente que, seguramente sea mil veces más valiente que tú y que luchan por ser los únicos que lleven las riendas de su vida y por poder disfrutar los años que tengan que estar aquí de la vida tal y como desean vivirla. Allá tú con tu cordura, irá de la mano de tu miseria.

Ciento volando


Le acababan de robar lo más valioso, lo más preciado, y ni si quiera era consciente de ello. Todo ocurrió de manera gradual, primero empezó con ciertos tonteos y contactos poco importantes casi en la distancia. Imaginaba cómo sería todo si alcanzaba aquella situación. Todos lo hacían y él tenía que ser uno más, no podía quedarse atrás. Luego se afanó en la búsqueda deliberada y afanosa de solución a aquella posición de letargo con respecto al resto, al resto del montón. Cuando lo consiguió sumó una gran victoria a su trayectoria, esto sería un antes y un después en su camino. Poco a poco demandaban más de él, los primeros meses, los primeros años. Comenzamos a verle poco desde que triunfó en su propósito. Pero ya cada vez le veíamos menos. Estaba siempre fatigado, extenuado, dejó de hacer cosas. Se convirtió en un ser vago, sedentario, entumecido, o eso creemos, porque desde el fatídico día del reto final poco sabemos de él. Dicen que se despierta con el alba y pasa entre cables, paredes y papeles las horas hasta que llega la noche. Luego sólo le queda tiempo para estar rendido y harto de este ritmo al que le empuja el devenir. Descansa, come y duerme, por lo menos, puede sentirse afortunado, pues al finalizar la jornada ha conseguido amasar reales para seguir en este lugar, con este ritmo y con esta posición. A veces se para a pensar y planea que va a hacer cuando tenga tiempo. Pero no es consciente de que el tiempo ya lo tiene y está haciendo algo ya con él, lo de todos los días y así será hasta que decida cambiarlo. Mientras tanto en su camino se convierte en un mero espectador, en un testigo pasivo de las cosas, de sus propias cosas. Siempre posponiéndolas para esos dos últimos días de la semana, o a ese mes de libertad. Quizás piense que será mejor hacerlas cuando tenga tiempo. Pobre iluso ignorante de que el tiempo es el que es y no otro. Nadie le dará más tiempo que el que ya tiene, nadie le dará otra vida para dedicarla a vivir.

Libertad en cada rasguño de su piel


Cada rasguño en su piel, cada marca que surcaba los senderos de su cara le gritaba anhelos de libertad.
Su tez castigada, ni al sol, ni al frio, sino al no dormir, al aire contaminado de una ciudad, a los excesos a los que la gran urbe le sometía.
Ansiaba respirar, abrir los pulmones del todo y llenar sus adentros del frescor de un pinar, de la sal de la brisa del mar… de aire puro y limpio que le ayudase a limpiar su interior y se reflejase en su rostro con signos de fortaleza
Con sus pies sintiendo la humedad de aquella tierra y sus manos en contacto con cada hoja, cada tallo, arrancando las malas yerbas, allanando el terreno para dar paso a la vida, al crecimiento, se sintió más cerca que nunca de la naturaleza.
Sólo la naturaleza le daba libertad. Había algo que le había faltado siempre desde que vivía en aquella gran ciudad y, no fue hasta ese momento que se dio cuenta de lo que era exactamente. Antes, cuando vivía con la banda sonora de las sirenas de los barcos y el cantar de las gaviotas, acostumbraba a dar largos paseos en soledad. Esos paseos siempre solían ser cuando necesitaba estar tranquila, pensar, buscarse. Los paseos solían ser a orillas del mar, sólo su brisa le tranquilizaba, le daba aliento y la animaba a seguir y a ver las cosas de otro color. Sólo un baño en esas aguas conseguían hacerle olvidar todos los pesares y cargarle de energía para volver, un día más a empezar de cero.
Nada había en la gran ciudad equiparable a aquello, porque, si bien no había mar, tampoco había el más mínimo contacto con la naturaleza.
Fue allí, en aquel campo, lejos de su tierra, y también lejos del mar, donde volvió a sentirse parte de la naturaleza, y como tal, volvió a sentirse más viva que hacía mucho tiempo. Entendió que las personas estamos aquí al igual que cualquier otro elemento de la naturaleza, que somos parte de ella y que, por lo tanto necesitamos de ella. La naturaleza le devolvió la libertad de bañarse sola en un manantial de agua, desnuda en el agua más limpia y fresca. Fue descubriéndose a sí misma a medida que desenterraba los prejuicios y las tonterías que tienen en la cabeza los urbanitas y que les coartan su propia libertad.
Descubrió el agua que emanaba de la montaña pensó en el pudor que le produciría su desnudez al bañarse en él, miró a su alrededor y no encontró a nadie, solo el susurro de las ramas y las hojas de los árboles le hacían sentirse acompañada y se aventuró a quitarse una de las capas de su cebolla, se mojó la cabeza y con ello parte de su cuerpo y de la ropa que aún quedaba en él. Finalmente, escuchó sus propios instintos, dejó que tuviesen más fuerza que los convencionalismos o escrúpulos creados. Desnuda se aventuró en aquella agua fría y transparente que brotaba con fuerza. En ese mismo instante desapareció el pensar y emanó el instinto, el animal, la condición, el humano.
Disfrutó como una niña y por su interior corría de un lado para otro un enorme sentimiento de felicidad. Se sintió la persona más afortunada, la más plena. Entendió aquel conjunto de cosas, cada una en su sitio, en su lugar de manera perfecta. Entendió el regalo de lo simple, la belleza de lo pequeño, pero gigante a la vez. Su cuerpo, el agua, la tierra, el viento, el frescor de la sombra de los árboles, el sol, el cielo azul y todo unido y disfrutado a la vez, era, simplemente la perfección. Fueron cinco minutos de perfección. Todo cedido de manera gratuita y sin pedir nada a cambio por la naturaleza. Todo estaba allí para ella, todo estaba allí para disfrutarlo. Y sólo dependía de ella decidir disfrutarlo o vivir alejada de ello y tapiar su mirada con paredes de hormigón, asfalto y cemento.

lunes, 14 de marzo de 2011

Peter Pan


Hacía mucho que no me pasaba por aquí , he cambiado un poco el diseño hacia algo con lo que me sienta más representada o identificada. Hoy he estado en un congreso que dura hasta mañana. Parecía que iba a ser un tostón "Cien años de Peter y Wendy" habla de la mítica novela, de James M. Barrie, y que este año hace un siglo que se representó por primera vez en teatro...

Y es curioso hasta qué punto a lo largo de la historia han aparecido diferentes recreaciones de la figura de este mágico y carismático personaje y cómo la mayoría de nosotros nos sentimos interesados por él, identificados, cercanos, hasta incluso a veces sus propios creadores.

Es curioso también el descubrimiento del cuento de Peter Pan y las diferentes alegorías a las que hace referencia.

El miedo a crecer podría representar ese miedo a la socialización, a pasar a formar parte de una sociedad de adultos con rutinas y vidas serias... esé crecimiento que, según Freud corrompía al hombre, bueno por naturaleza, limpio por naturaleza. Esto se ve reflejado también en el país de Nunca Jamás, donde los niños, aislados del mundo real, no conocen sentimientos como el odio, los celos, pero tampoco el amor...

Allí los niños viven en una anarquía (aunque en cierta manera jerarquizada por la figura del propio Peter que ejerce muchas veces de líder)y la figura maternal, de las madres o del deseo de la propia Wendy de convertirse en la mamá de los niños perdidos simboliza en cierta manera la autoridad, la opresión.

Curioso, y curiosa también la comparación de esta obra con otras, así como las del escritor anarquista Robert A. Heinlein "Hijos de Matusalén" o "Tiempo para amar", novelas de ciencia ficción, donde su protagonista, Lazarus Long, tiene múltiples semejanzas con el niño Pan y de lectura recomendada. O también con "Mr Vértigo" de Paul Auster...

Mañana más así que ¡seguro que una ampliación sobre este tema caerá!

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Si pudieras por un momento olvidar los prejuicios y tan solo escuchar mi voz. Olvida aquello que te dijeron, los tópicos, los sobrenombres con los que los de arriba, los que manejan los hilos detrás del telón quieren que llames a las cosas. Olvida las palabras necias que no son más que palabras. Desmóntalas, cambia sus letras de lugar, muévelas a ver si encuentras algo detrás de ellas, léelas de atrás para adelante y de adelante para atrás… igual no es ese el significado que quieres darles, igual no son esas las palabras que quieres usar, igual esa forma de hablar no te pertenece, reflexiona, descúbrete.

Si pudieras por un momento observar el mundo, la realidad, como yo lo veo... Estoy deseando que te sientes un ratito, aunque sea, a mi lado en esta orilla que juntos veamos amanecer, anochecer o ninguna de las dos cosas si no nos apetece. Poder contarte cómo siento y cómo pienso de, en, por y a este lugar, es decir, como soy y lo que creo de este sitio en el que nos tocó vivir…
Pero sin analizar lo que te digo buscando una cajita en la que meterme, alguien quiere que pienses de una manera mucho más reducida de lo que realmente podrías hacerlo. Quieren que pienses en casillas y no en individuos. Yo no habito ninguna casilla, ni me gusta que así pienses, rompe las casillas, son frágiles, son de cristal y con tan sólo un golpecito de tu dedo las destruyes, si quieres. Elimínalas y ponte las gafas de los individuos particulares y únicos. Escúchame a mí por quién soy y no me relaciones ni me asocies, no me metas ni me saques, déjame tal y cómo estoy, tal y como soy, déjame sola, individual.

Si consigues hacerlo igual descubres que no hay tantas cosas que nos separan. Todos somos muy parecidos y a veces, a base de escuchar lo que piensan los demás eres capaz de iniciar reflexiones que te acercan a ellos, pero que te acercan aún más a ti mismo. Reflexiona para descubrirte, descubre qué piensas y qué sientes ante las cosas que te rodean. Forja tu forma de ser, pero también ten claras unas ideas de cómo quieres vivir aquí. Si lo intentas será la mejor aventura que jamás soñaste iniciar…

¿Nos sentamos junto a estas maravillosas olas y te cuento cómo veo el mundo y cómo me gustaría que fuese?

Lo menos que quisiera es que pienses que deseo convencerte, en absoluto, sólo quiero estimularte, no me interesa que pienses igual que yo, me interesa que pienses distinto, que se encienda la chispita en ti, que crezca poco a poco una llama, que tengas claro cómo eres, que reflexionemos, que las diferencias me estimulen a mí, que las similitudes nos unan para cambiar lo que no nos guste. Pero sobre todo me interesa acercarme a ti, ampliar horizontes y descubrir las infinitas cosas que aún he de conocer de mí misma…

sábado, 11 de septiembre de 2010

Nueve años de Samba da Rua, cambiando el ritmo del mundo


Madrid, 11 de septiembre de 2010

Hoy es un día muy especial, es el aniversario de un colectivo, de un grupo muy grande en todos los sentidos. Un grupo formado por todos los que algún día aportaron algo de sí mismos a este proyecto. Muchas personitas y corazones. Todos ellos reunidos en tres palabras que, para mí, tienen muchísimo significado.

Esas tres palabras y todo su contenido han llenado mi corazón de alegría, de emociones, de aventuras, de sentimientos, de experiencias, de risas infinitas, de ilusiones. Tres palabras que me han hecho conocer a tanta gente y tan variopinta y diferente… y de todos ellos guardo un pedacito dentro de mí.

Tres palabras de las que no creo que nunca me pueda desvincular. Esas tres palabras son Samba da Rua.

Samba da Rua…

Es mi droga, la droga más adictiva que he probado. Una droga que desde que la catas no la puedes soltar. Te ayuda a desconectar de todo, a olvidar tus estreses y tus penas, te da un subidón de adrenalina en cada ensayo potente, en cada actuación.

Ya son 9 años… cinco para mí… y parece que fue ayer cuando me enteré de que tenía un shaker en las manos. Fue poner el pie en esta enorme ciudad y Samba vino a buscarme… Llevaba menos de una semana en Madrid cuando Samba da Rua me encontró, literalmente, o, quién sabe, quizás fui yo en su búsqueda…

El verano de 2004 había sido muy intenso, mi mejor verano. Diecinueve añitos, todo el año fuera de casa por primera vez, en una Inglaterra fría y lluviosa. Había sido un año de nuevas experiencias, fue un año inolvidable, sin duda…

Había sido mi primera experiencia de pasar tanto tiempo fuera de casa y, aunque me lo pasé genial, no sé si existe suficiente lluvia en Inglaterra que pueda igualar a los lagrimones que derramé los primeros meses cada vez que me sentía demasiado lejos de los míos…

El caso es que ese verano llegué a Canarias con unas ganas enormes de tirarme en la playa y retozar disfrutando del mar y del sol de mi tierra… lo había echado tanto de menos…

Fui muy precoz en esto de viajar sola. Ya con siete años mi madre nos metió a mí y a mi primo en un barco rumbo a la isla de La Gomera a pasar nuestros primeros 15 días de vida fuera de la protección familiar. Volvimos con tierra y hierba incrustadas hasta en las uñas de los pies. Quince días en un campamento en medio de la montaña, corriendo, saltando y disfrutando de la vida y de la libertad como sólo los niños saben entenderla…

Terminaba tan cansada cada día que no hubo ni una noche que no me meara en el saco de dormir… los pobres monitores hasta llamaron a mis padres para preguntarles si yo tenía algún tipo de problema con el asunto, pero simplemente, me flaqueaban las fuerzas para salir del saco en mitad de la noche…

Así lo interpreto yo pasados los años. Aunque también muchas veces lo he interpretado como un acto de rebeldía inconsciente a modo de protesta porque me habían metido en una tienda de campaña enorme con otras 8 ó 9 niñas y yo no quería estar con esas niñas… quería estar con mi primo al que quería con todo mi corazón y, qué coño, con el que me lo pasaba muchísimo mejor corriendo y haciendo gamberradas por todas partes.

Después de llamar a mis padres me sentí la meona del campamento e intenté tener un poco más de cuidado con el tema. Así que, como me daba miedo irme yo sola en medio de la oscuridad de la noche a mear por entre los árboles, porque yo de aquellas niñas pasaba como de la mierda, me hice un par de noches con la linterna y fui a donde estaban los niños a despertar a mi primo para que me acompañara a hacer pis por ahí. Eso fueron dos noches, el resto de mañanas seguí despertando a aquellas pobres niñas con el aroma de “ô de orine” impregnado en mi saco…

Cuando salimos del barco que nos devolvía a casa, nuestra familia casi no nos reconoce, parecíamos los hermanos del niño salvaje. Recuerdo que me inflé a golosinas en el barco, también recuerdo que mareé y las vomité todas y muchas casi enteras.

A mi madre realmente le impactó muchísimo que siguiera saliendo mierda de mi cuerpo cada vez que me duchaba dos semanas después… siempre me lo recuerda.
Fui un par de veces más de campamento los siguientes años y con 13 y 14 años me fui sola quince días a Austria. Pero sola, sola. El primer año fui a Munich en avión y de allí cogí un tren al país vecino. Recuerdo perfectamente el viaje.

Mi madre, que es muy apañada, tenía una amiga alemana y ella le habló de unos campamentos del estado alemán muy chulos y baratos. Y allí que me fui, a practicar el alemán.

El primer año me metieron en un avión lleno de alemanes donde hasta la azafata hablaba en alemán… recuerdo que íbamos de Gran Canaria a La Palma, la isla bonita, donde recogeríamos a un regimiento de más alemanes y de allí directos a Munich. Recuerdo que tenía muchísimos nervios en la barriga acumulados…

Estaba deseando ver Alemania y Austria, esos países de los que me habían hablado tantos años en mi colegio alemán y que nunca había visto. Estaba deseando ver los Alpes de Austria y sus verdes campos que me imaginaba tan verdes como un subrayador verde.

También recuerdo que a mi lado en el avión iba un matrimonio de unos sesenta y largos o setenta años, negros como tizones, dorados al sol canario. La mujer me miraba y me sonreía con ternura. Hasta me dio pastillas de goma…

Pero lo mejor de todo fue volar por encima del Teide. Era un avión pequeño que iba de isla a isla y que no volaba muy alto. Después de un rato de no ver más que nubes, apareció en medio de ellas, asomando su preciosa cima, el señor Teide. El volcán más gigante que yo he visto nunca y que tanto adoraban mis antepasados. Aquellos que desaparecieron hace ya casi 600 años, tampoco son tantos…

Ellos basaban su tiempo y entendían su vida como parte de un conjunto llamado naturaleza. Para ellos no existían las horas, los minutos ni los segundos. No existían los años ni los meses. Ni las agujas de un reloj o el calendario de los días laborables. Para ellos lo importante era que el sol siguiese velando por ellos allá arriba en la inmensidad azul y que las estrellas vigilasen sus sueños en la oscuridad.

Casi desde todas las islas se veía el Teide en los días claros, como sigue ocurriendo hoy. Era adorado por los antiguos canarios como un Dios que aparecía de vez en cuando allá en el horizonte, flotando en el mar.
Y yo ahora, con la cara pegada a la ventanilla del avión, volaba a su lado e imaginaba que el frio de la nieve de su cima me tocaba la nariz…

En el aeropuerto de Munich me esperaba la hermana de la amiga alemana de mi madre. Pasé tres días en su casa y luego me llevó a la estación, donde montaría por primera vez en tren. Destino, los Alpes de Austria.

Mi madre aún no entiende cómo se atrevió a dejarme ir… yo tampoco…

El afán aventurero estuvo dentro de mí siempre y se fomentaba con cada experiencia de descubrir mundos nuevos y tan diferentes.

Nunca olvidaré el viaje en autobús que me llevaba de Salzburgo al campamento, y mi cuello completamente doblado intentando alcanzar con la mirada, desde la ventanilla, el final de aquellas enormes montañas.

Con 18 años decidí irme a Inglaterra, otro país del que también me habían hablado en el cole y por el que sentía mucha curiosidad. Acabé el bachillerato y no tenía nada claro qué hacer con mi vida, había pasado los dos últimos años por una especie de mala racha, bueno, la peor racha de mi vida. Y sólo quería alejarme, cambiar de aires.

Aún no me explico cómo mi padre me dejó hacerlo… supongo que porque confiaba en mí y porque me hizo prometerle que cuando volviera iba a ir a la universidad.
En mayo de 2004, llegué a mi casa recuperada como una flor silvestre en primavera.

Después de casi un año viviendo bajo las nubes, el sol lejano y frio y el mar congelado de Inglaterra, tenía unas ganas enormes de estar en mi tierra y de disfrutar de aquello, aunque sabía que me iría pronto… ¡me quedaba tanto mundo por ver!

Y así fue. Mi verano de 2004 duró hasta el día 10 de octubre, lo recuerdo como si fuese ayer. Apuré al máximo el verano. Las clases me empezaban el 13 de octubre y el 10 por la tarde tenía mi vuelo. El mismo día 10 me levanté temprano y pasé toda la mañana en la playa despidiéndome del mar… sin duda, ésta iba a ser la primera vez que no olería el mar cada día… En Inglaterra había vivido en una pequeña ciudad costera llena de gaviotas y con olor a comida rara, pero también a sal, a mar…

Y digo que no debía de haber pasado ni tres días desde que llegué a Madrid cuando encontré a Samba da Rua, porque aún no me habían empezado las clases y ya estaba aburrida como una ostra. Tan aburrida que me fui a dar un paseo por ciudad universitaria para ver qué se cocía por allí y familiarizarme con el ambiente.

Salí del metro a eso de las once de la mañana, con el pelo dorado completamente por el sol y mi piel en su máximo apogeo de moreno. Ciudad universitaria estaba vestida de fiesta. Una pancarta enorme colgaba de dos árboles y decía “Exprésate”. Y por toda la avenida complutense había pasacalles, teatro, grafiti, gente patinando… increíble.

Entonces, cuando estaba mirando a unos chavales grafiteando unos tablones, fue cuando me pareció oír un sonido desconocido que no sabía identificar. Un estruendo. Un ajetreo enloquecido de tambores, y no podía si quiera imaginar lo familiar que algún día llegaría a ser para mí…

En ese momento desaparecieron los grafiteros con sus tablones porque mis ojos ya sólo querían ver aquello que estaban escuchando.

Un grupo de chavales con muchos instrumentos curiosos y diferentes unos de otros se acercaban en pasacalles. Me sorprendió el lenguaje de signos que compartían y que todos entendían. Me sorprendió la coordinación y el resultado sonoro que salía de la fusión de todos sus instrumentos… Me encantó ver lo bien que se lo estaban pasando y, sobre todo, me encantó la sensación que me transmitía aquel conjunto de estímulos visuales, auditivos y percutivos.

Era como la sensación que me daba cuando era pequeña y acudía a ver a los reyes magos a la cabalgata en la calle y el ruido de los tambores retumbaba dentro de mi pequeño cuerpo. A aquella edad sentía cada golpe de tambor como si fuesen los de mi corazón, cerraba los ojos y pensaba. “Los reyes magos vienen ya… siento sus tambores dentro de mí”.

Ahora no era tan pequeña, no sentía los surdos retumbando en mi garganta, pero me acuerdo perfectamente que pensé “Yo no me puedo morir sin probar eso”.
Es un pensamiento que tengo con algunas cosas, con aprender a tocar el piano y poco algunas más, pero siempre es con cosas que sé que no quiero dejar escapar…

Mi timidez me impidió acercarme a cualquiera de ellos a preguntarles nada, ni cómo se llamaban ni nada. Estaba impactada, pero era demasiado tímida para dar el primer paso.

A las pocas semanas ya habían empezado las clases y cayó en mis manos uno de esos periódicos que publicaba un grupo de estudiantes y que lo distribuían por todas las facultades, Tribuna Complutense. Al ojearlo un poco vi un artículo que hablaba del día Exprésate, que no recuerdo si se llamaban así esas jornadas, pero yo siempre las llamé así por el cartel que me dio la bienvenida a la universidad y que, como si del destino se tratase, me decía “exprésate”.

Venía una fotografía, la recuerdo casi como si la viera. De espaldas se veía al chico que dirigía, con una camiseta morada, entonces no sabía que se llamaba Iván. También recuerdo que en la foto salía otro chico con el pelo moreno y pequeñas rastitas por detrás, era, aunque yo aún no lo sabía, Dimitri. A pie de foto una frase: “La actuación de Samba dá rua”. Así, con tilde y todo y en cursiva. Guardé el periódico, aquello me había gustado muchísimo, pero significaría muchísimo más, aunque aún tardaría algún tiempo en descubrirlo.

Unos meses más tarde ya estaba plenamente integrada en la vida universitaria, había conocido a mis nuevos compañeros de clase y junto con un chico y una chica muy majos, David y Lucía habíamos montado un programa de radio en la, por aquel entonces, vieja y cochambrosa radio de la facultad… Radio Complutense.

Entonces se me ocurrió la excusa perfecta para contactar con aquella gente que había visto hacía meses y que quería conocer. La timidez sumada a que tenía un poco de mentalidad de pueblo, hacían que ni se me pasara por la cabeza contactar con ellos sin nada más que decir que “hola, me gustáis mucho, ¿aceptáis gente nueva?”. Esa mentalidad te hace pensar que tienes que tener una razón más tangible y práctica para llamarles…

Entonces se me ocurrió hacerles una entrevista en la radio. Busqué en Internet Samba “dá” Rua y encontré su página. Una página en rojo y negro. En la parte de contacto dos números de teléfono: el de una tal Elisa y uno de un chico, creo que era Andrés, pero no lo recuerdo bien. La chica no respondió y llamé al chico.

Le conté lo que quería hacer, él aceptó, me dijo que no había ningún problema, que incluso si quería, que tenían un disco y que lo podían poner de fondo en la entrevista. Pero que se pondría en contacto con dos chicos del grupo que estudiaban en mi facultad y que irían ellos para que fuera más fácil.

Así conocí a Makas y a Iván y, ojalá encontrara la cinta donde tengo grabada la entrevista… y donde hablamos como completos desconocidos.

La entrevista la preparé yo, claro está y, por supuesto, una vez roto el hielo, la pregunta de rigor era: ¿aceptáis gente nueva?

Mi amiga Lucía y yo, nos quedamos encantadas con aquellos chicos, (yo más :)). Y unos meses más tarde estábamos las dos dentro de un proyecto que me llevaría a vivir muchas aventuras, todas únicas, inigualables e irrepetibles.

Así llegué a Samba da Rua y las historias que vinieron después serían para escribir un millón más de páginas. Carballiño, Llanes, Alcoy, Murcia, Cádiz, Córdoba, Zaragoza, Segovia, Jaén, Cuenca, Ciudad Real, Dublín, pueblo de Lorna en Irlanda, festival de Irlanda…

Sólo puedo decir que estas tres palabras, Samba da Rua, están cargadas de significados, de relatos interminables, de personas, cada una con su propia historia y vivencias, con su propia aportación y forma de ser.
Makas dijo una vez, “Samba es como una novia”. Se refería a que hay que cuidarla, quererla, mimarla y regarla cada día como a una planta para que crezca. A veces te enfadas con ella o te quemas, y discutes, y te alejas. Pero siempre la llevas dentro.

Hay sólo una cosa que ha hecho que Samba da Rua haya llegado a cumplir sus 9 añazos. Su gente. La gente que ha participado de esto de la mejor manera que creía, la gente que sigue participando y la gente que está por llegar.
Pero, cuidado en los tiempos de crisis, cuidado con los quemazones grandes. Cuidado con descuidarnos. No olvidemos algo muy importante:

V3R4N0 DE 2001
Un calor asfixiante. Unas fiestas municipales impuestas desde arriba. Un colectivo feminista, Nushu, frente a un alcalde autoritario. Arrogante. En juego, la participación ciudadana. Un puñado de percusionistas inquietos. Unas calles que reclamar. Ruido para la protesta. Y luego una semilla. Una idea. Demasiado complicada, demasiado grande, demasiado idealista. Un proyecto. Pequeño. Plural, horizontal, autogestionado, abierto, festivo, social, musical, creativo, vivencial. Colectivo.

No se puede definir mejor. Para saber qué es SDR sólo hay que leerlo, para ser SDR sólo hay que creerlo. Y actuar en consecuencia.

Sigamos llenando nuestras mentes de razones para romper el silencio, razones que reclamar con nuestro ruido. Y no perdamos la perspectiva.

Por que sigamos muchos años más,

Mirando hacia atrás para seguir hacia delante.

¡Felicidades a todos!

¡Felicidades Samba Da Rua!

Les quiero.

jueves, 19 de agosto de 2010

Quiero un verano


Verano, verano, te escapas entre mis manos.
Te veo pasar por mi ventana, me saludas con tu hermoso sol y tocas mi piel desde el balcón cuando me asomo a comprobar que la vida sigue ahí fuera… a pesar de mí…
Atisbos de verano llego a alcanzar cuando me escapo de mi rutina y viajo y entre sueños me dejo llevar, volar…
Latigazos de verano en mi piel cuando escapo al frescor de un campo, a la suavidad de la arena de una playa, al silencio de mi respiración varada en el fondo del mar…
El calor del día junto a la brisa salada y el canto de cientos de gaviotas me acerca a ti y el fresco de la noche, de una noche estrellada, me llena de ilusiones de lo que está por venir…
Miro arriba en esta oscuridad, el suave viento que refresca el final del día que está a punto de irse a dormir, me susurra secretos al oído.
Mi mente viaja a mil sitios intentando descifrarlos y sólo parece oír… “disfruta del camino” “no merece la pena llorar”…
Compañía bajo este cielo, todos juntos, me siento acompañada, aunque a veces me sobren los demás…
Quiero un verano lleno de sueños, quiero retomar las riendas de mi vida con la piel y el pelo dorados por los largos días a la intemperie, los infinitos días al aire libre… y correr y saltar y surcar el mar con mi cuerpo abandonado entre las olas, tumbarme en la orilla de mi vida con el pelo lleno de arena negra como el volcán, negra y húmeda, señal de los siglos que le separan de su lava.
Quiero tiempo mío y no de nadie más.
Sólo los recuerdos me atormentan, pero intento no dejarles pasar, aunque a veces soy débil y me vencen…
Quiero un verano entero, necesito un verano entero, verano de sueños y colores, de fruta, de frescura, de bailes y de risas.
Verano de sal, de árbol, de amor, de amigos y de más risas. Verano de ilusiones… verano de volver a ilusionarse, verano de encontrar a alguien que te ilusione y que te abrace y te de calor en invierno…
¡Quiero un verano libre y entero! ¡y lo quiero ya!

martes, 16 de marzo de 2010

Ese gran simulacro

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huerfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmoviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda

en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese el camino de santiago

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.

Mario Benedetti

martes, 9 de marzo de 2010

Inolvidable

Amor sin reflejos de luz de luna.
Sin paisajes al amanecer ni al anochecer.
Amor sin mirar las estrellas tirados en cualquier lugar.
Amor sin tienda ni saco de dormir.
Amor con cientos, hasta miles de kilómetros.
Amor aventurero, guerrero y luchador.
Amor de flores en la almohada.
Amor de promesas de eterno amor.
Amor de cartas.
Amor incondicional y apasionado.
Amor dañino.
Amor sin desayunos en la cama.
Amor sin fines de semana gastando el tiempo en querer.
Amor sin tiempo libre.
Amor pensando que el tiempo nunca se acaba.
Amor con prisas, con gente.
Amor de pocas palabras.
Amor gris de ciudad…
Amor de calles y de metros.
Amor escaso de orejas.
Amor de alcohol.
Amor de dudas y de miedos.
Amor sin baños en el mar.
Amor de canciones, pero no de todas las canciones…
Amor con límites.
Amor de barra.
Querer dar todo y darlo todo al revés
Intentar darle la vuelta, y perderse en el camino.
Amor alargado hasta el infinito.
Amor de sueños nublados y truncados.
Amor bello.
Amor arriesgado.
Amor intenso.
Amor único.
Eterna amistad.
Saber todo lo que no hubo.
Recordar lo que sí hubo,
y , sin prisa, esperar…

Amor inolvidable…
Adiós, amor.

ZsarA

jueves, 26 de noviembre de 2009

kropotkin

Nací con la primera revuelta insumisa, inquieta, desgreñada. Me construí a mi misma desnuda, bella, irreverente.
Desde mis huesos inermes partió la primera blasfemia hacia el creador... Me negué a ser sometida, dirigida, apadrinada.
Me transformé en apóstata fui acusada de irreligión. Fui condenada, pero mis alas eran de fénix, y en raudo abandoné las hogueras y atravesé los océanos.
Vi yugos por dondequiera, calambres y hambre, parlamentos y lamentos, aprendí la desesperación.
Cavé con las uñas una trinchera de sueños y me embriagué con esa pandilla de niños locos, poetas náufragos allá en España del treinta y seis...
Miré a la izquierda, miré a la derecha y vi rostros sucios ocultos tras limpios uniformes
vertiendo la sangre de los pueblos en nombre de la justicia, la dialéctica y otras empalagosas quintaesencias...
Y tomé la rabia Y la afilé y lancé truenos contra los tronos, enemiga de los gobiernos, enemiga de las patrias, enemiga del dolor.
Abrazo al mundo, vivo y no ruego, amo y resisto sus tiranías.
¡Soy la Anarquía!